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viernes, 17 de mayo de 2013


 
Por: Vìctor Montoya
 

Lo que nada nos cuesta, hagámoslo fiesta.



He gastado  25 años de mi vida, un cuarto de siglo, preocupándome por “tener”; desde pequeño y desde que tenía “uso de conciencia” comenzaba a hacer mis primeras pataletas para obtener  lo que deseaba, un juguete de moda, un sobrecito de estampas para el álbum, un helado, y todas esas cosas que se nos antojan cuando somos niños, cuando aún desconocemos la dimensión de todo lo que nos rodea  y de las obligaciones que se nos vendrán más adelante.
 
Todos esos objetos  que me hacían feliz momentáneamente, felicidad que duraba hasta que apareciera en la televisión otro juguete nuevo; no duraban más de una semana en su estado original, porque desde pequeños desarrollamos ese instinto de desbaratar y acabar  todo lo que nos regalan.
 
Cuando doy un paso más en mi vida y llego a la adolescencia, me doy cuenta  que esa forma de pensar de niño no había cambiado mucho, seguía preocupándome  en “tener”; tenía que conseguir los tenis  de moda, tenía que cuadrarme a una novia, tenía que tener el último corte de cabello, tenía, tenía, tenía, mi vida estaba influenciada cada vez más por este verbo. Pero el cambio más significativo y el paso más grande de niño a adolescente, era que los objetos duraban un poco más en mis manos y en su estado original, bueno, excepto las novias; y como buen espécimen de la raza, aun conservaba el instinto de destructor que nos hace diferentes de las otras especies.
 
Hoy en día, cuando soy un poco más consciente de la realidad, y de lo que estamos viviendo, he caído en la cuenta que aún conservo en mi  interior pero en una forma más racional ese bendito “tener” que me implantaron cuando era  chico, pero que para algo me tenía que servir algún día. Sí, sigo preocupándome en “tener” solo que a diferencia de mis otras etapas, esta vez sí quiero conservar  para siempre esos objetos que me ha regalado la vida.
 
Quiero “tener” mi planeta en su estado original, con todas sus especies animales vivas, con toda su flora y fauna adornando cada línea de la esfera, con todas sus aguas llenas de pureza y de vida.
 
Quiero “tener” un planeta en el que pueda traer a un hijo para que haga sus primeras pataletas para “tener” algo.
 
Quiero “tener” las fuerzas para comenzar a cambiar ese instinto de destruir todo lo que nos regalan, porque creemos que lo que nada nos cuesta…….. ……, pero sí señores esto nos está costando demasiado, nos está costando el futuro de las próximas generaciones, de nuestros hijos, de nuestra especie, de nuestra propia existencia.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

No hay nada nuevo para mi en el articulo.Digo esto no por que esté mal escritos sino que este apunte es sacado de una mentalidad que lo ha tenido todo, hay otras realidades como en el caso de algunos niños que no pueden decir que han tenido un regalo.

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