Por: Vìctor Montoya
Lo que nada nos cuesta, hagámoslo fiesta.
He gastado 25 años de mi vida, un cuarto de siglo, preocupándome
por “tener”; desde pequeño y desde que tenía “uso de conciencia” comenzaba a
hacer mis primeras pataletas para obtener lo que deseaba, un juguete de moda, un
sobrecito de estampas para el álbum, un helado, y todas esas cosas que se nos
antojan cuando somos niños, cuando aún desconocemos la dimensión de todo lo que
nos rodea y de las obligaciones que se
nos vendrán más adelante.
Todos esos objetos que me hacían feliz momentáneamente, felicidad
que duraba hasta que apareciera en la televisión otro juguete nuevo; no duraban
más de una semana en su estado original, porque desde pequeños desarrollamos
ese instinto de desbaratar y acabar todo
lo que nos regalan.
Cuando doy un paso más en mi vida y llego a la adolescencia,
me doy cuenta que esa forma de pensar de
niño no había cambiado mucho, seguía preocupándome en “tener”; tenía que conseguir los tenis de moda, tenía que cuadrarme a una novia, tenía
que tener el último corte de cabello, tenía, tenía, tenía, mi vida estaba
influenciada cada vez más por este verbo. Pero el cambio más significativo y el
paso más grande de niño a adolescente, era que los objetos duraban un poco más
en mis manos y en su estado original, bueno, excepto las novias; y como buen espécimen
de la raza, aun conservaba el instinto de destructor que nos hace diferentes de
las otras especies.
Hoy en día, cuando soy un poco más consciente de la
realidad, y de lo que estamos viviendo, he caído en la cuenta que aún conservo
en mi interior pero en una forma más
racional ese bendito “tener” que me implantaron cuando era chico, pero que para algo me tenía que servir algún
día. Sí, sigo preocupándome en “tener” solo que a diferencia de mis otras
etapas, esta vez sí quiero conservar para
siempre esos objetos que me ha regalado la vida.
Quiero “tener” mi planeta en su estado original, con todas
sus especies animales vivas, con toda su flora y fauna adornando cada línea de
la esfera, con todas sus aguas llenas de pureza y de vida.
Quiero “tener” un planeta en el que pueda traer a un hijo
para que haga sus primeras pataletas para “tener” algo.
Quiero “tener” las fuerzas para comenzar a cambiar ese
instinto de destruir todo lo que nos regalan, porque creemos que lo que nada
nos cuesta…….. ……, pero sí señores esto nos está costando demasiado, nos está
costando el futuro de las próximas generaciones, de nuestros hijos, de nuestra
especie, de
nuestra propia existencia.


1 comentarios:
No hay nada nuevo para mi en el articulo.Digo esto no por que esté mal escritos sino que este apunte es sacado de una mentalidad que lo ha tenido todo, hay otras realidades como en el caso de algunos niños que no pueden decir que han tenido un regalo.
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