Por: Daniel Samper Pizano
Según las normas que enseñan a
los alumnos de español, el uso del usted
se reserva a las personas con las que no tenemos confianza y el del tú a aquellas que nos son muy próximas
o familiares. Cualquier bogotano sabe
que eso en nuestro caso es mentira. Aquí a los mejores amigos, a la
mujer y a los hermanos les dice uno de usted.
Y se tutea a los desconocidos. Yo lo compruebo cada vez más que llamo a un
amigo de colegio que hoy es ejecutivo importante. La secretaria me tutea,
aunque no tenga ni idea quién soy, y mi amigo me habla de usted. Cachaco que se respete tuteará a la persona que le acaban de
presentar y “ustedearà” a sus hermanos. Como dice uno de los míos, bogotano que
tutee a sus hermanos es porque es marica.
Colombia tiene, en realidad,
cinco formas de trato interpersonal. Número uno: el tú, según lo usan los costeños, que obedece a los cánones clásicos.
Solo que allá el usted no existe y tutean hasta a Tu Eminencia el Cardenal
Primado de Colombia. Número dos: el tú
según lo usan los bogotanos, para personas que, sin ser de confianza, no
representan órdenes metafísicas, como la Iglesia o el Estado. Es decir, no se
dirige uno de tú al Cardenal ni al
Presidente, aunque no los conozca. Número tres: el Usted, con mayúscula,
que los bogotanos reservan para las
personas que les caen gordas o les inspira excesivo respeto, como – vuelvo a mi
ejemplo – el Cardenal o el Presidente. Número cuatro: el usted, con minúscula, usado por los bogotanos para sus más íntimos
conocidos y para las personas que le son más cercanas. Número cinco: el vos, usado por paisas, vallunos y, en
ciertas circunstancias, aun por los bogotanos; es un trato de confianza, hijo
del tú y el usted. Número seis: el sumercè, del altiplano cundinoboyacense,
expresión que se utiliza como muestra de respeto o de cariño. Para diferenciar
cuándo va de por cuenta del respeto y cuándo por cuenta del cariño, hay que
haber nacido en el altiplano o ser muy amigo de los hermanos Mendoza.
El manejo del tú costeño, el tú cachaco, del vos, del
Usted, del usted y del sumercè está lleno de complejidades y sutilezas. Es
posible que la relación personal entre un individuo completamente desconocido y
un bogotano raizal pase por tres etapas: del Usted al tú y del tú al usted.
Solo una persona versada en la
ciencia entenderá los matices fundamentales que hay envueltos en este proceso y
podrá distinguir en qué etapa del usted se encuentra. Un error puede ser
fatal; lo haría pasar por antipático o por lagarto. No somos como los
franceses, que hacen una celebración de cada avance en el trato. Ni como los
gringos, que solo cuentan para diferenciarlo con el uso del nombre.
La dificultad que tienen los
demás mortales para manejar el español obliga a los colombianos inteligentes a
desechar estos códigos cuando están tratando con extranjeros. Sabemos bien que
mexicanos, argentinos, españoles y demás especies no están capacitados aún para
tanta sofisticación. Quizá dentro de un par de siglos, si se fijan bien.
Hay, sin embargo, extranjeros de
superior pispicia que han conseguido adentrarse en algunos laberintos del
lenguaje local. En el siguiente recital que ofreció Joan Manuel Serrat en
Bogotá, sus eruditos seguidores-sobre todo Rita y yo-notamos un importante
cambio en la letra de la canción “Lucia…..”.
-Al fin se está civilizando,
Serrat-lo felicité después de escucharle el “Lucia” en bogotano.
-Los españoles somos muy brutos,
pero a fuerza de hablar con vosotros vamos entendiendo cosas….
-¿”Vosotros”?-le corregí con
desconsuelo-. Esa vaina no existe sino en español caduco. Retiro la
felicitación.
En punto al “vosotros”, conviene
decir que una de las glorias de la América Latina consiste en haber desterrado
del continente esta forma afectada y puntillosa con que solían expresarse
oradores y curas. No había Presidente de la República que se sintiera
posesionado si en algún momento de su discurso inaugural no soltaba un
“vosotros sabéis” o un “fijaos en la patria”. Lo mismo ocurría con los
predicadores sacros. Si el sermón no llevaba un par de “escuchad la palabra del
señor” y tres o cuatro “arrepentíos”, el cura consideraba que estaba
desperdiciando indulgencias plenarias.
Una sana reacción latinoamericana
contra el vosotros ha logrado que
solo se le escuche en las embajadas de España y en los festivales de zarzuela.
Ya ni siquiera a Belisario, que es tan ducho en El Quijote,
se le oyen esas pendejadas. Los españoles sensatos saben bien que hablan un
castellano primitivo, donde es diferente la pronunciación para la zeta y para
la ese.
Por eso algunos cantantes
inteligentes-vuelvo a citar a Serrat-preparan versiones especiales de sus
discos para América Latina. Si lo hubieran hecho así muchos chapetones en la
época de la independencia, habrían salvado la vida. Cuando el benemérito
general Hermògenes Maza recibió de Bolívar la orden de perseguir a los
españoles que huían rio Magdalena abajo, se inventó una fórmula para que los
reos no le metieran español por criollo. Uno a uno, y por separado, los hacia
encomendarse a San Francisco. La ce del Francisco delató a los chapetones y les
valió el ser encerrados en costales y arrojados al rio. Pero Maza no era tan
pérfido como dicen. En esa época el Magdalena estaba menos contaminado que hoy.
Hay que ser descendiente de ese
ilustre lingüista que fue Maza, para poder descifrar los intrincados códigos
nacionales del tuteo, ustedeo y voseo. Esta última forma, a propósito, debería
enseñarse a nuestros escolares a la hora de los pronombres. Al fin y al cabo es
todo un sistema de conjugación (vos venís, vos pensàs, vos sos, etc.) mucho más
extendido en nuestras tierras que el tal vosotros.
Habrá que estar atento, por otra parte, a los nuevos modos de trato que pujan
por abrirse paso, como esa mezcla que
utiliza el Chinche: “¿Usted si me quieres?”.
La verdadera independencia no la
consiguió Bolívar. La lograremos cuando exista la primera versión del Evangelio
traducida por bogotanos y costeños. En ella serán extirpados el vosotros y el os, y reemplazados por el castellano vivo. En ese Evangelio Cristo
ordenará a sus apóstoles: “Hagan esto en memoria mía” y rematará sus prédicas
diciendo: “En verdad en verdad les digo…”. Van a ver la cantidad de cachacos y
corronchos que convertimos con semejante versión de la Biblia.
Tomado del libro: ¡piedad con
este pobre huérfano!


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