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sábado, 26 de enero de 2013


Por: Daniel Samper Pizano



 Para que usted entendáis
 

 Como antologista especializado en menciones de Colombia, puedo asegurarles que cientos de autores de otros países han escrito obras lúcidas sobre el nuestro. Lo único que ningún extranjero entenderá jamás de Colombia es el enredado sistema de reglas que gobiernan entre nosotros el uso del tuteo.
 
Según las normas que enseñan a los alumnos de español, el uso del usted se reserva a las personas con las que no tenemos confianza y el dela aquellas que nos son muy próximas o familiares. Cualquier bogotano sabe  que eso en nuestro caso es mentira. Aquí a los mejores amigos, a la mujer y a los hermanos les dice uno de usted. Y se tutea a los desconocidos. Yo lo compruebo cada vez más que llamo a un amigo de colegio que hoy es ejecutivo importante. La secretaria me tutea, aunque no tenga ni idea quién soy, y mi amigo me habla de usted. Cachaco que se respete tuteará a la persona que le acaban de presentar y “ustedearà” a sus hermanos. Como dice uno de los míos, bogotano que tutee a sus hermanos es porque es marica.

Colombia tiene, en realidad, cinco formas de trato interpersonal. Número uno: el , según lo usan los costeños, que obedece a los cánones clásicos. Solo que allá el usted no existe y tutean hasta a Tu Eminencia el Cardenal Primado de Colombia. Número dos: el según lo usan los bogotanos, para personas que, sin ser de confianza, no representan órdenes metafísicas, como la Iglesia o el Estado. Es decir, no se dirige uno de al Cardenal ni al Presidente, aunque no los conozca. Número tres: el Usted, con mayúscula, que  los bogotanos reservan para las personas que les caen gordas o les inspira excesivo respeto, como – vuelvo a mi ejemplo – el Cardenal o el Presidente. Número cuatro: el usted, con minúscula, usado por los bogotanos para sus más íntimos conocidos y para las personas que le son más cercanas. Número cinco: el vos, usado por paisas, vallunos y, en ciertas circunstancias, aun por los bogotanos; es un trato de confianza, hijo del y el usted. Número seis: el sumercè, del altiplano cundinoboyacense, expresión que se utiliza como muestra de respeto o de cariño. Para diferenciar cuándo va de por cuenta del respeto y cuándo por cuenta del cariño, hay que haber nacido en el altiplano o ser muy amigo de los hermanos Mendoza.

El manejo del costeño, el tú cachaco, del vos, del Usted, del usted y del sumercè está lleno de complejidades y sutilezas. Es posible que la relación personal entre un individuo completamente desconocido y un bogotano raizal pase por tres etapas: del Usted al y del al usted.

Solo una persona versada en la ciencia entenderá los matices fundamentales que hay envueltos en este proceso y podrá distinguir en qué etapa  del usted se encuentra. Un error puede ser fatal; lo haría pasar por antipático o por lagarto. No somos como los franceses, que hacen una celebración de cada avance en el trato. Ni como los gringos, que solo cuentan para diferenciarlo con el uso del nombre.

La dificultad que tienen los demás mortales para manejar el español obliga a los colombianos inteligentes a desechar estos códigos cuando están tratando con extranjeros. Sabemos bien que mexicanos, argentinos, españoles y demás especies no están capacitados aún para tanta sofisticación. Quizá dentro de un par de siglos, si se fijan bien.

Hay, sin embargo, extranjeros de superior pispicia que han conseguido adentrarse en algunos laberintos del lenguaje local. En el siguiente recital que ofreció Joan Manuel Serrat en Bogotá, sus eruditos seguidores-sobre todo Rita y yo-notamos un importante cambio en la letra de la canción “Lucia…..”.

-Al fin se está civilizando, Serrat-lo felicité después de escucharle el “Lucia” en bogotano.

-Los españoles somos muy brutos, pero a fuerza de hablar con vosotros vamos entendiendo cosas….

-¿”Vosotros”?-le corregí con desconsuelo-. Esa vaina no existe sino en español caduco. Retiro la felicitación.

En punto al “vosotros”, conviene decir que una de las glorias de la América Latina consiste en haber desterrado del continente esta forma afectada y puntillosa con que solían expresarse oradores y curas. No había Presidente de la República que se sintiera posesionado si en algún momento de su discurso inaugural no soltaba un “vosotros sabéis” o un “fijaos en la patria”. Lo mismo ocurría con los predicadores sacros. Si el sermón no llevaba un par de “escuchad la palabra del señor” y tres o cuatro “arrepentíos”, el cura consideraba que estaba desperdiciando indulgencias plenarias.

Una sana reacción latinoamericana contra el vosotros ha logrado que solo se le escuche en las embajadas de España y en los festivales de zarzuela.

Ya ni siquiera  a Belisario, que es tan ducho en El Quijote, se le oyen esas pendejadas. Los españoles sensatos saben bien que hablan un castellano primitivo, donde es diferente la pronunciación para la zeta y para la ese.

Por eso algunos cantantes inteligentes-vuelvo a citar a Serrat-preparan versiones especiales de sus discos para América Latina. Si lo hubieran hecho así muchos chapetones en la época de la independencia, habrían salvado la vida. Cuando el benemérito general Hermògenes Maza recibió de Bolívar la orden de perseguir a los españoles que huían rio Magdalena abajo, se inventó una fórmula para que los reos no le metieran español por criollo. Uno a uno, y por separado, los hacia encomendarse a San Francisco. La ce del Francisco delató a los chapetones y les valió el ser encerrados en costales y arrojados al rio. Pero Maza no era tan pérfido como dicen. En esa época el Magdalena estaba menos contaminado que hoy.

Hay que ser descendiente de ese ilustre lingüista que fue Maza, para poder descifrar los intrincados códigos nacionales del tuteo, ustedeo y voseo. Esta última forma, a propósito, debería enseñarse a nuestros escolares a la hora de los pronombres. Al fin y al cabo es todo un sistema de conjugación (vos venís, vos pensàs, vos sos, etc.) mucho más extendido en nuestras tierras que el tal vosotros. Habrá que estar atento, por otra parte, a los nuevos modos de trato que pujan por abrirse paso, como  esa mezcla que utiliza el Chinche: “¿Usted si me quieres?”.

La verdadera independencia no la consiguió Bolívar. La lograremos cuando exista la primera versión del Evangelio traducida por bogotanos y costeños. En ella serán extirpados el vosotros y el os, y reemplazados por el castellano vivo. En ese Evangelio Cristo ordenará a sus apóstoles: “Hagan esto en memoria mía” y rematará sus prédicas diciendo: “En verdad en verdad les digo…”. Van a ver la cantidad de cachacos y corronchos que convertimos con semejante versión de la Biblia.

 

Tomado del libro: ¡piedad con este pobre huérfano!

 

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