El menú de los
guerrilleros
Cuando el Chè Guevara fue capturado y ejecutado en Bolivia
en octubre de 1967, se suscitó un
misterioso episodio con su diario de guerrillero. Las anotaciones hechas por
Guevara entre el 7 de noviembre de 1966 y el 7 de octubre de 1967 desaparecieron
de Bolivia y fueron publicadas luego en Cuba. Nadie supo cómo llegó a la Habana
el diario del Chè, ni como salió de la paz una copia suya. La versión del
manuscrito que conoce el mundo es auténtica. Pero no completa. Falta en ella
unas pocas páginas, correspondientes a las anotaciones gastronómicas del jefe
guerrillero.
Marzo 5
Nos comimos la última ración
de frijoles. A fin de que no parecieran tan desabridos como los
anteriores, Miguel resolvió prepararlos con una receta de su invención. Tómense
dos zapatos tiernitos, a los cuales se les agregará una media. Arrojados en una
marmita con agua lluvia, se ponen a hervir con algunas hojas de helecho, para
que agarren sabor. Para que agarren sabor las hojas. Como será preciso probar
si la media se encuentra “al dente”, el jefe del grupo escogerá a un vigía
que se haya quedado dormido o a un compañero que haya extraviado el
fusil para castigarlo con tan ingrata tarea. Una vez la víctima pruebe la media
y determine que ya tiene la consistencia deseada, los zapatos serán devueltos a
su legítimo dueño, la media será izada durante toda la noche para espantar
animales salvajes y el caldo resultante se servirá antes de los frijoles. Estos
quedarán primorosamente presentados en las hojas de helecho.
Marzo 31
Por la noche hable con Loro y Aniceto. La conversación fue
muy mala; Loro llegó a decir que estábamos descompuestos. Aniceto se solidarizó
a medias con él, pero luego le confesó a Coco que habían sido cómplices en un
robo de latas.
Con la desaparición de las latas, hurtadas por Loro gracias
al silencio de Coco, solamente nos quedan unas libras de arroz por toda provisión.
Para solucionar los dos problemas, mañana almorzaremos arroz con Loro y el
domingo comeremos arroz con Coco.
Mayo 10
No queda comida aceptable para tres días; hoy el Ñato mató a
un pajarito con la honda. Entramos a la era del pájaro.
Raúl se pidió prepararlo, y lo hizo con todo esmero.
Las alas fueron servidas al escabeche, con la ayuda de una
lupa que aportó Aniceto. La pechuga fue freída en una moneda de veinte y
sorteada entre los compañeros, por ser la presa más apetecida; la ganó Camba,
pero se le fue por el hueco de una muela. En la imposibilidad de rescatarla, me
vi obligado a extraerle la muela. La pechuga fue recuperada y sorteada de
nuevo. Esta vez la ganó Roberto. Lorraine la apasionada, como solemos llamar a
la guerrillera francesa, tuvo que contentarse con un muslo, y a mí me tocó la
rabadilla. Dijo que la próxima vez se pedía el pajarito completo. No sé cómo
vamos a seguirla alimentando.
Mayo 5
Desayunamos tarde. Como a las ocho de la noche. Gregorio había
encontrado un gato extraviado y procedimos a sacrificarlo. El propio Gregorio preparó
unos deliciosos medallones de gato, siguiendo una receta de su madre que
recordaba a medias.
A fin de elaborar este exquisito menú se necesita disponer
de ajo, cebolla, mantequilla, caldo de res, vino, media taza de leche, una
cucharada de crema y otra de harina, panela quemada, perejil picado, una
pequeña dosis de estragón y una caja de
hongos fritos. Para preparar la salsa se echan en un perol, a fuego lento, las
dos cucharadas de mantequilla con panela quemada y se van añadiendo durante dos
minutos el perejil y el estragón. Después el caldo y la harina, previamente desleída
en la leche. Agregado el vino blanco, se revuelve todo y se deja hervir hasta
que espese. Enseguida se vierte la crema.
Es conveniente tener la carne adobada desde la víspera. Se
coloca a dorar en una paila, previamente aliñada con el ajo, la cebolla, sal y
pimienta. Debe dorarse a fuego fuerte y en mantequilla durante doce minutos por
cada lado. Después, a fuego lento, durante un cuarto de hora más. Cuando está
lista la carne, se le agregan los hongos a la salsa y se deja hervir unos
minutos; se baña con ella la carne, cortada en medallones, y se sirve.
Como no teníamos ninguno de los elementos anteriores, y como
además es peligroso hacer hogueras de noche, tuvimos que limitarnos al último
paso: cortamos el gato en medallones y nos lo servimos crudo.
Junio 11
En vecindades a la casa de un campesino, Gregorio logró atrapar
un perro. Llevábamos dos días sin comer y recibimos la llegada de nuestra
primera cena en 48 horas con verdadero alborozo. Gregorio reclamó el derecho a
cocinarlo él mismo, y se lo concedimos. Anunció
que prepararía medallones de perro, de acuerdo con la receta de su adorada
madre.
Pocos instantes después notamos que había desaparecido
Marcos. Se repitió con el perro el
procedimiento culinario del gato, aunque hay que decir que esta vez los
medallones sabían a crinolina: debía tratarse de un perro faldero.
Junio 25
Escuchamos por radio que Marcos desertó y dio a conocer un
comunicado. Declaró que ideológicamente apoyaba a la guerrilla, pero que no volvería
a sumarse a ella hasta tanto no mejorara el menú. Continúa en la clandestinidad.
Julio 2
Fue un día negro. Después de haber almorzado con medallones
de conejo crudo que preparó Gregorio mientras evocaba, llorando, a su madre,
hicimos contacto con una patrulla de soldados: Gregorio se había quedado rezagado,
gracias a que le suministramos en el café una pastilla para dormir, y los
soldados consiguieron atraparlo. Los demás nos habíamos alejado de él varios kilómetros,
pues nuestro propósito era deshacernos de Gregorio para no tener que comer
nuevamente medallones. Por la noche, Gregorio logró volarse de manos de la
tropa y apareció en el campamento con una lechuza bajo el brazo. Hombre ágil,
la había agarrado en la copa de un árbol. Gregorio celebró su regreso
preparando medallones de lechuza, mientras los demás evocábamos, llorando, a su
madre.
Julio 13
Alguien delató a Gregorio y el ejército pudo echarle el
guante de nuevo. Lo encontraron fuertemente amarrado a un árbol grande, cuya ubicación
resultaba muy fácil gracias a la columna
de humo que emitía la hoguera de ramas verdes que el delator encendió cerca al árbol.
También ayudó un aviso de primera página que puso Marcos, en
el cual indicaba con lujo de detalles el sitio donde encontrarían a Gregorio.
Esa noche, cuando pedí al delator que se identificara, todos dimos un paso al
frente.
Julio 19
Marcos se reincorporó a la guerrilla. Con gran alegría recibimos
el retorno de este compañero; no teníamos absolutamente ninguna provisión, pero
Lorraine divisó un quiche que colgaba de la rama de un árbol y lo bajó. Comimos
quiche Lorraine.
Agosto 8
Anoche llegamos cerca a un pueblo. Luego de 24 horas sin
comer, se nos hace la boca agua pensando en las provisiones que podremos
comprar aquí. Me inquieta la presencia de soldados en las calles, pero encontré
la fórmula para evitar problemas: Arregui, que es tan tonto que no despertará
sospechas, llegará solo al pueblo con su mula y comprará los enlatados que
pueda. Le entregue 50 mil pesos para los enlatados y quedamos de encontrarnos
con él mañana, a varios kilómetros de aquí. No queremos que nos sorprenda una
patrulla.
Agosto 9
Según lo planeado. Arregui apareció con su mula en el arroyo
de Ñañahulcuatrañl. Anunció gozoso que había comprado los 50 mil pesos en
enlatados. Cuando abrimos los costales nos dimos cuenta que había cumplido su misión
al pie de la letra. Entre los enlatados que recuerdo, y que arrojamos al arroyo
de Ñañahulcuatrañl para no dejar huellas, estaban “La familia Ingalls”, “Hawai
5-0”, “Perry Mason” y “La Isla de la Fantasía”.
Octubre 7
Se cumplieron once meses de nuestra inauguración guerrillera,
sin complicaciones, bucólicamente. Caminamos durante toda la noche y al as dos
paramos a descansar, pues era inútil seguir avanzando. A las 11 y 45 de la
mañana escuchamos un boletín por la radio donde se informaba que Gregorio había
logrado escapar de la guarnición donde lo tenían detenido. Dejó una carta a su
madre señalando que se reincorporará a
la guerrilla.
A las 11 y 50 resolvimos entregarnos, por unanimidad.
Tomado de: Samper Pizano, Daniel. Piedad con este pobre huérfano.
Primera edición. Bogotá, Colombia: P &
J, 1984. Pág. 293-299. ISBN: 958-14-0018-4
Imagen tomada de: http://www.soho.com.co/testimonio/articulo/el-menu-selva/25399


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